4.22.2005

"God, make me big" (Dios, hazme grande!)

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo, el Club Social y de Fomento Victoria contaba en sus filas con el mayor artillero de tres puntos conocido hasta la fecha. No recuerdo bien su nombre pero voy a hacer memoria para recordarlo. Este animal de la línea de 6.25 era muy certero, casi no fallaba, pero hubo un día en el que el cielo se abrió y DIOS lo ilumino (no el chavo en este caso). Para no ser egoístas les voy a contar lo que pasó aquel milagroso día. Corría el año 1997 y el glorioso Victoria jugaba de visitante con el club Villa Mitre. El micro salió como siempre, al mediodía, con todos los jugadores. El viaje fue tranquilo, salvo las cancioncitas de siempre que alegraban el tiempo a los purretes de aquellos equipos. Si no me falla la memoria, cuando estaban arribando al club rival, un jugador del montón apodado solamente Toto, le hizo sangrar la cara a un aniñado joven llamado Julián, o eso creo, que era su primer viaje con nuestra institución. Aquel día transcurrió con intranquilizante calma, vaticinando internamente que algo de magnitudes gigantescas se avecinaba. El partido de cadetes, que era el primero, no recuerdo quien lo ganó, pero eso no importa. Lo importante fue lo que pasó en el partido de juveniles, en el huego posterior... Antes de comenzar el cotejo, el cielo afuera del estadio estaba nublado (recuerden bien este dato). Los jugadores precalentaron como de costumbre, pero este jugador al que hago mención no lo hizo, no quería que sus adversarios lo conocieran antes de comenzar (aunque luego poco le importó). El árbitro sonó su silbato y los diez titulares se dispusieron en el rectángulo de juego. En ese momento pasó algo inusitado: el cielo se abrió y un halo de luz bajó del cielo directo a nuestro galardonado personaje; en ese momento el rezó: "God, make me big" (Dios, hazme grande). Ní se imaginan lo que pasó despues, el primer cuarto fue un paseo para él; este cañonero de larga distancia se despachó con cuatro conversiones desde Saturno. En el segundo cuarto el equipo de Villa Mitre procuró marcarlo con más dureza, pero no le importó, disparó dos veces y como pueden suponer, los encestó a los dos. Pero lo grande de este jugador no es solo lo que hacía de larga distancia, sino como manejaba y ordenaba a sus compañeros para hacer de ellos mejores jugadores. En el entretiempo, el entrenador del club local habrá charlado mucho con sus muchachos porque en el tercer cuarto salieron a matar a nuestros muchachos. Y la cosa se puso dura, porque al pivot de Victoria, el gigante Pogonza, le agarro como un chucho de frío y se lastimó el tobillo. Pero a nuestro William Wallace de camiseta negra con el número diez no le importó. Ya se habia despachado con seis triples en el primer tiempo, y la marca se puso cada vez más dura. Los jugadores de Villa Mitre lo conocían y no querían que los siga humillando con sus parábolas hacia el aro de más de seis metro y medio y en su propia casa. El partido se puso muy parejo, demasiado. Sin embargo nuestro paladín los sublimó con tres disparos certeros, aniquiladores, y más el último, que fue con falta y derrotando la campana. Recuerdo que en ese último disparo, nuestro héroe fue saludado por varios jugadores de las categorías más chicas, creo que entre esos muchachitos estaba el ideador de esta página. El último cuarto fue un paseo para el Victoria, así es que nuestro Benedicto de camiseta negra se dedicó a descansar (quería estar fresco y con piernas para ir a Cadalzo) y a ordenar al equipo a una victoria segura. Bueno muchachos, en resumen, este Joseph Ratzinger de la anaranjada convirtió nueve triples en tres cuartos, una marca que muchos tratarán de alcanzar, pero ninguno podrá igualar. Y para terminar, no recuerdo su nombre, pero si su apodo. Creo que le decían COCO...